En el proyecto de presupuesto presentado al Congreso se definió cuál era la inversión prevista para la ciencia y la tecnología en el periodo 2019, qué áreas deberían tolerar los mayores ajustes y cuáles eran los programas que continuarían. El recorte principal se dio por la reducción de fondos para subsidiar investigaciones, comprar insumos, maquinaria, equipos y realizar una baja salarial en casi todos los organismos. Los ajustes más fuertes fueron en el CONICET con todo lo que ello implica y reclamos sociales como la Marcha de las Antorchas.

El desarrollo y la construcción del reactor CAREM a cargo de la CONEA era uno de los principales proyectos que supuestamente seguiría en marcha con aumento de presupuesto. Pero, como no todo es lo que se dice, la realidad muestra que en la distribución presupuestaria de la Comisión Nacional de Energía Atómica la transferencia de fondos para el fideicomiso de uno de sus proyectos mas importantes fueron casi nulas hasta el presente mes de abril.

Además, si bien hay destinados para ese proyecto $498 millones un 77 % menos que el año anterior en términos reales, las autoridades de la Subsecretaría de Energía Nuclear decidieron que la obra se financie a través del Programa Participación Público Privada (PPP) con muy pocos aportes del Estado. El resultado es que la obra avanza muy lentamente, con muchas dificultades y se encuentra virtualmente paralizada.

Esto ha sido confirmado y denunciado por la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) de la CNEA que trabajan en la obra y que también temen por el destino de los trabajadores tercerizados que suman varios centenares.

Una vez más vemos que los anuncios no se condicen con la realidad desperdiciando una ventana de oportunidad que tiene Argentina para el desarrollo de esta nueva fuente de energía para el uso en zonas aisladas y de ser exportadores de esta tecnología de punta con posibilidad de fabricarse en serie y que otras naciones quieren imitar.

Debemos retomar una política orientada al desarrollo científico y la soberanía tecnológica como pilar fundamental para un crecimiento económico sostenido, que permita mayores ingresos con valor agregado y más trabajo.