En épocas electorales las palabras y los conceptos sirven para decir la verdad o para ocultarla, según la honestidad intelectual de quien las emite.  La reforma laboral que propone Mauricio Macri en su discurso, no tiene otro objetivo que el de favorecer a las grandes corporaciones agudizando la explotación y retirando derechos que los trabajadores conquistaron históricamente. Parece que el desempleo aún no es suficiente, ahora la meta es la precarización de los que pudieron mantener sus fuentes de trabajo.

Los resultados de la política del cambio están a la vista: aumento de la pobreza que hoy llega al 35%; reducción de aportes patronales y recorte de subsidios; eliminación de planes sociales, si bien hasta el momento son utilizados y hasta se han duplicado en esta gestión; cierre de 25.000 pymes y de 85.000 comercios; 2 millones de desocupados con un nivel de desempleo del 10,1% -el más alto de los últimos 13 años-; exponencial aumento de las personas en situación de calle –en la Capital Federal pasaron de 1146 a 7251- conforme el último censo realizado en mayo de este año; apertura de importaciones e incremento de las tarifas en un 3700%, entre otros.

Estas medidas quedan aún más al descubierto cuando se las confronta con la caída simultánea del salario real. Además si consideramos su efecto en el sistema previsional, cuya reforma también proclaman, se suman otras víctimas: los jubilados y pensionados  con el incremento de la edad jubilatoria, la disminución de prestaciones en materia de salud y demás propuestas donde la persona mayor se suma a la cultura del descarte.

En otro proceso electoral se decía que advertir estas situaciones era contribuir a la campaña del miedo. Hoy es sólo mostrar que lo que se propicia para alcanzar la reelección, da miedo.