Desde hace años trabajo en proyectos en el área de salud que buscan superar los enfoques biomédicos, por otro centrado en las personas. Ley de Respuesta al VIH, las hepatitis virales, la Tuberculosis e Infecciones de Transmisión Sexual; la Ley de Cuidados Paliativos; la de Cannabis Medicinal, La de Medicina Tradicional y Complementaria y la de Regulación de la Equinoterapia van en ese sentido. 

Mientras se pudo avanzar en el tratamiento de las primeras iniciativas, todavía encontramos reticencia en el abordaje legislativo de las terapias no convencionales, como la equinoterapia. 

Considero que es necesario su reconocimiento y regulación porque hay miles de niños, niñas, jóvenes y adultos que han mejorado sus padecimientos con la práctica de esta actividad. Estamos hablando de personas con autismo, parálisis cerebral, síndrome de down, esclerosis múltiple, entre otras afecciones.  A través de las distintas actividades sobre el caballo, los pacientes mejoran su postura, equilibrio, y habilidades motrices. Además de los beneficios físicos, también obtienen importantes beneficios psicológicos y emocionales. Pensemos cuántos miles de niños, adolescentes y adultos más, podrían hacerlo si la actividad estuviera regulada y las obras sociales y las prepagas la cubrieran. 

El objetivo del proyecto que presento desde 2016 es regular y reconocer a la equinoterapia como un abordaje terapéutico diferente y complementario, destinado a la habilitación y rehabilitación de personas con capacidades diferentes. De esta manera buscamos promover de manera equitativa el acceso de la población; integrar esta terapia a los diferentes sistemas de atención médica y establecer los requisitos mínimos de los centros de equinoterapia. 

Al día de hoy ocho provincias sancionaron leyes provinciales en este sentido: Chaco, Santa Cruz, Chubut, Santa Fé, San Juan, Tucumán, Salta y Mendoza. Ahora necesitamos aprobar una Ley marco Nacional que no deje a nadie afuera.