Ante las recientes declaraciones del Subsecretario de Energía Nuclear, el Gobierno Nacional confirmó la decisión de avanzar con China en el financiamiento y construcción en una cuarta central nuclear de tecnología PWR-Hualong 1.

Como Senadora Nacional y desde la Presidencia de la Comisión de Ciencia y Técnología del Senado hago público mi rechazo a esta nueva propuesta que nos lleva a un notable retroceso en materia de política nuclear.

Este nuevo acuerdo con China significa la mutilación del previsto en 2014-2015 durante la gestión del gobierno anterior, para la construcción de dos centrales. El plan original preveía un proyecto de colaboración mutua en el área nuclear con eje en una central de tecnología tipo Candu para luego considerar la conveniencia o no de avanzar en un central prototipo de tecnología China con uranio enriquecido.

Las centrales nucleares de tipo Candu son las más convenientes para nuestro país, entre otros motivos, por ser una tecnología conocida, probada durante décadas y que permite una participación de la industria nacional, principalmente el uso de agua pesada, suministro de combustible y componentes metalmecánico complejos.

 Así quedo demostrado con el reacondicionamiento de la Central Nuclear de Embalse que extendió su vida útil en 30 años, y fue ejemplo a nivel mundial, donde el 97% del personal en obra fue argentino y participaron alrededor de 100 empresas de todo calibre desde PyMES hasta IMPSA, CONUAR e INVAP entre otras. Por lo que Argentina puede sola con la ingeniería CANDÚ, sabe diseñarla, fabricar todas sus partes, renovarla, mejorarla y lo más importante: hacer sus combustibles. Son dólares que no salen: quedan y se multiplican.

Avanzar con la tecnología de uranio enriquecido por sobre la del uranio afecta especialmente a la Empresa Neuquina de Servicios de Ingeniería (ENSI) que opera la planta de agua pesada (PIAP), dándole un tiro de gracias a su producción y dejando a más de 400 profesionales y técnicos sin trabajo.

Todo proyecto nuclear que pretenda responder a las necesidades de nuestro país debe ser planificado técnicamente, consensuado social y políticamente, permitiendo en su ejecución un importante porcentaje de participación de la industria nacional.

Este preocupante panorama pone en jaque el esfuerzo y dedicación que investigadores, profesionales y trabajadores del sector que construyeron durante más de siete décadas, logrando un desarrollo tecnológico que produjo las mayores exportaciones de tecnología de nuestra historia.