No podemos repetir viejas historias de confrontaciones estériles que tanto daño económico y sufrimiento social causaron en nuestro país. El Gobierno del Presidente Alberto Fernández no lleva ni 90 días en ejercicio y recibió una Argentina desbastada por un modelo económico en el que sólo se benefició a los capitales financieros, principalmente especulativos. Los productores agropecuarios, los chicos principalmente, pero también los grandes, perdieron con la timba, como todo el pueblo de la patria. Nuestro proyecto de país viene a dar vuelta la historia para posicionar a los sectores productivos al frente (y como locomotora) de una nueva alianza social, nacional, popular, pero que también incluye -indefectiblemente- a la burguesía nacional. Industrial y agraria.

El enemigo no está entre nosotros, entre los argentinos de trabajo. Tenemos que ser conscientes del momento histórico y el contexto económico en el que estamos. Tenemos una deuda impagable en proceso de negociación, si no entendemos que el interés nacional debe estar ante todo, jamás podremos salir del yugo del subdesarrollo. Jamás.

El macrismo nos dejó más de la mitad de las niñas y niños de la patria bajo la línea de pobreza, ¿qué clase de sociedad no genera empatía y solidaridad por aquellos que no tienen un plato de comida todos los días? Realmente me da mucha tristeza que se prioricen reclamos sectoriales, particulares, por sobre el interés general y el bien común. Vivimos en un mundo globalizado, financiarizado, sí. Pero nos tenemos que proponer intentar otra cosa como sociedad, ser mejores que ese sujeto programado por el software del neoliberalismo que premia al individuo despojado de cualquier tipo de sentimiento o vinculación comunitaria, comunal.

Hoy: primero los más necesitados, hoy, primero los que peor la están pasando. Ya vamos a agrandar la torta, y habrá tiempo de repartirla.