Bombardeo a Plaza de Mayo: La historia que no se debe repetir
En apenas unos minutos, aviones de guerra tripulados y comandados por las fuerzas armadas, bombardearon Plaza de Mayo, asesinaron más de 300 argentinos e hirieron centenares de compatriotas. El 16 de junio de 1955 marcó la memoria de los argentinos, fue el día que se inició la peor escalada de violencia política e institucional en el país.

Las fuerzas armadas reordenaron sus objetivos militares y comenzaron a considerar enemigos internos a los trabajadores, a los justicialistas y todos aquellos sectores populares que quisieran aspirar a un país con Justicia Social. A partir de ese día, el terror se volcó en los cientos de civiles que murieron a sangre fría, tratándose de las primeras víctimas del terrorismo militar que se extendería hasta la más sangrienta dictadura militar, entre 1976 y 1983.

En aquel junio del 55, las fuerzas armadas advirtieron que el objetivo era destruir el proyecto estratégico de Nación que había conquistado el General Perón junto con el mano del pueblo trabajador. No se trató de un grupo de asesinos que actuaron motivados por intereses sectarios, sino de una institución que buscaba el sometimiento de nuestros conciudadanos.

A partir de entonces, se abrió la puerta para la proscripción peronista y los fusilamientos encabezados por la “Revolución Libertadora”. Ello implicó la apertura de un proyecto que impulsó la baja de salarios, el fin de la industrialización, el aniquilamiento del empleo y la limitación de cualquier tipo de organización popular.

Una vez más sucedió y se utilizó la fuerza del fusil, para lograr aquello que las urnas les negaron. Se remplazó la organización popular y la Justicia Social de los pueblos, por la estratificación del mercado.

Por la memoria y por la justicia, hoy deseo conmemorar a los 300 argentinos que perdieron sus vidas ese 16 de junio y es por ellos, y por todos los que sufrieron el terror consiguiente, que nos vemos obligados a construir más fuerza y organización.